Aislamiento

Me aflora una angustia en el medio del pecho. Como cuando tengo un ataque de pánico: Me quedo sin aire y no tengo control sobre lo que me rodea. Dicen que es como un duelo donde se procesa la vida que proyectábamos y teníamos con la vida que tenemos. Pienso en todo lo que iba a emprender hasta hace unas semanas. Y ahora el no saber hasta cuándo, no saber si. ¿Qué pasa entonces cuando las certezas desaparecen y brotan nuevos conflictos?

Estos son momentos difíciles. La ansiedad y la depresión no ayudan; menos aún el contexto de encierro. La vida parecía ordenarse después de mucho tiempo y se rompe en cuestión de segundos.
Pocas veces recuerdo mis sueños. El año pasado tuve uno que me marcó. Una ola gigante aparecía en mi cuadra. Estaba en la esquina. Daba aviso a la gente. Todo mundo a salvo. Siento esa misma imagen pero esta vez el final es distinto.


En épocas de incertidumbre, que no experimentamos antes, las cosas cambian abruptamente. Pensamos nuevos mecanismos de supervivencia. O eso intentamos. Y está bien no poder con todo ahora. Ni mañana. Ni pasado. No tenemos control sobre la situación pero sí podemos no pegarnos tanto ni compararnos con como la lleva el resto. Autocuidado de la manera en que nos sale y podemos.

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