El Viaje
“...Cuando traigo a mi memoria la imagen de tantas naciones hoy florecientes, no puedo considerarlas –y que Dios me perdone- sino como un conglomerado de gentes ricas que a la sombra y en nombre de la República, sólo se ocupan de su propio bienestar, discurriendo toda clase de procedimientos y argucias, tanto para seguir, sin temor a perderlo, en posesión de lo que adquirieron por malas artes, como para beneficiarse, al menor costo posible, del trabajo y esfuerzo de los pobres y abusar de ellos. Y así que consiguen con sus maquinaciones se manden observar en nombre de todos y, por lo tanto, en el de los pobres también, ya que las ven convertidas en leyes.”
Tomas Moro (1478-1535)
Utopía.
“...En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del pueblo, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su hermano.”
“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”
Rodolfo Walsh (1927-1977)
“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”
Eduardo Galeano (1940)
Lunes. Otra vez la misma rutina de todos los días. Me levanto y me dirijo al baño. Voy a la cocina y me sirvo una taza de café, mientras leo el diario: un accidente de autos, 3 muertos; inundaciones con mas de 1000 evacuados sin tener donde ir; la pobreza sigue en aumento... y por supuesto, la sección de espectáculos con la misma banalidad de siempre. Prendo la televisión, y en el canal de noticias se repite la misma historia: más muertos; el tránsito es cada vez peor; la pobreza es cada vez mayor...Voy hacia mi cuarto, me cambio; tomo mi mochila y pongo en ella mis pertenencias esenciales (comenzaba a preguntarme que es lo esencial, que tan esenciales eran esos objetos...) y salgo a la calle.
Camino por las calles de la ciudad, llena de gente pero tan vacía. Camino; sólo respiro y miro hacia un punto fijo, pero a nadie a mi alrededor. Siento el tocar el fondo, realmente el fondo, recorriendo esas calles llenas de suciedad y miseria. Estoy en el subte; me dirijo hacia la oficina donde trabajo de lunes a viernes, como me es habitual, en el centro de la ciudad. Mientras pasan las estaciones del subte, miro alrededor: el subte se encuentra lleno de gente, que seguramente también se dirigía a su trabajo. Miro el reloj, que marca las 8 menos 10. Me bajo en la estación siguiente. Salgo del subte, y camino tres cuadras hasta llegar al edificio donde trabajo. Mi jefe me ordena una serie de cosas que hacer durante el día; hago la gran mayoría; almuerzo algo de comida (algo...ya que solo tenemos 30 minutos para almorzar, y entre la cola de gente que hay para comprarte algo en algún barcito y comerlo...bueno, digamos que el tiempo pasa volando); continuo trabajando; el reloj marca las 6 en punto, pero prefiero continuar con el laburo; el reloj marca las 7, y decido finalmente irme. Mientras camino por las calles de la ciudad, sólo veo avisos que me dicen que comprar, que hacer, a donde ir, que pensar y quien ser; “todo esto...(las noticias, el diario, los avisos)... me está taladrando la cabeza; no aguanto más”, pensé...Y así decidí realizar un viaje, a un lugar lejos de todo eso, lejos de esa gran ciudad.
Me dirigí con gran rapidez hacia el subte, y al llegar a mi casa busqué, pensé a donde ir, hasta que el nombre vino a mi cabeza. Agarré un bolso, y puse en él ropa y demás objetos. Estaba decidida a emprender ese viaje. Tomé un colectivo y baje unas cuadras antes de la estación de tren; al llegar allí, compré un boleto y me senté a esperar que el tren viniera. No recuerdo mucho ese viaje en tren ya que dormí la mayoría del trayecto, pero recuerdo que al despertar mi mente comenzaba a despejarse. Bajé del tren; no había avisos, ningún tipo de publicidad. Llegué caminando a la casa donde me iba a hospedar; era muy sencilla, y eso me gustaba mucho. Los personas eran muy amables, y me mostraron el cuarto donde dormiría. Dejé mis cosas, y me largué a explorar el paisaje, ese sin fin de escenografía que me presentaba ese lugar en sus calles, sus museos, sus cafés, en todo.
En esa caminata comencé a pensar: ¿Por qué será que todos seguimos un modelo determinado en la sociedad? ¿Será por miedo a ser excluido por ésta? ¿Será por miedo a ser diferente? La mayoría de la gente jamás tomará el riesgo de cambiar por miedo; miedo al que dirán (en esta sociedad tiene más importancia el qué pensarán de uno, de qué pienso yo). Y así, sus vidas desaparecen frente a sus ojos. La gran mayoría prefiere lo “normal”, pero, ¿qué es normal? ¿Normal es lo que la mayoría hace? ¿Es seguir un modelo específico dentro de la sociedad? No porque la mayoría lo haga, lo considero normal; el resto tiende a pensar que esto es así. La sociedad tiende a encerrarse, y ver la salida fácil según su conveniencia. Gran parte de nuestro tiempo estamos pendientes de cosas sin importancia, en lo material. ¿Acaso nos hemos olvidado de pensar, de razonar? ¿Nos habremos olvidado de...vivir? El gran monstruo los apaga, los consume más rápido que el fuego mismo; los oprime en un estado de consumo.
Razoné en todo aquello que había pensado mientras cenaba un guiso con Alejandra y Carlos, los dueños de casa. Al llegar a la cama, estaba agotada, pero decidí seguir despierta un rato más. Con el pasar de los minutos, llegué a la conclusión de que no me iba a pasar eso que había planteado antes que ocurre con la sociedad actual. Si bien estuve sometida a ella durante largo tiempo, y también a ese mecanismo que la sostiene, ese “gran monstruo”, conmigo no iban a poder. Esa noche decidí cambiar. Esa noche me propuse otra mirada, otro punto de vista.
Y con el tiempo logré hacerlo. Ese “gran monstruo” no pudo conmigo (o eso creo). Contador: 6905690...a 1.
Un tiempo después volví. Volví a ese lugar que tanto había odiado, pero tenía que hacerlo. Me subí al tren, y miré por la ventana. El paisaje era el mismo de siempre, aunque tenía algunas modificaciones por el paso del tiempo (corto, pero tiempo al fin). El recorrido definitivamente ya no era el mismo.
Un año más tarde, rearmé mi vida y decidí volver. Ahora la vida me estaba dando una segunda oportunidad de recorrer ese camino y yo la agradecí silenciosamente.
Tomas Moro (1478-1535)
Utopía.
“...En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del pueblo, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su hermano.”
“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”
Rodolfo Walsh (1927-1977)
“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”
Eduardo Galeano (1940)
El Viaje
Lunes. Otra vez la misma rutina de todos los días. Me levanto y me dirijo al baño. Voy a la cocina y me sirvo una taza de café, mientras leo el diario: un accidente de autos, 3 muertos; inundaciones con mas de 1000 evacuados sin tener donde ir; la pobreza sigue en aumento... y por supuesto, la sección de espectáculos con la misma banalidad de siempre. Prendo la televisión, y en el canal de noticias se repite la misma historia: más muertos; el tránsito es cada vez peor; la pobreza es cada vez mayor...Voy hacia mi cuarto, me cambio; tomo mi mochila y pongo en ella mis pertenencias esenciales (comenzaba a preguntarme que es lo esencial, que tan esenciales eran esos objetos...) y salgo a la calle.
Camino por las calles de la ciudad, llena de gente pero tan vacía. Camino; sólo respiro y miro hacia un punto fijo, pero a nadie a mi alrededor. Siento el tocar el fondo, realmente el fondo, recorriendo esas calles llenas de suciedad y miseria. Estoy en el subte; me dirijo hacia la oficina donde trabajo de lunes a viernes, como me es habitual, en el centro de la ciudad. Mientras pasan las estaciones del subte, miro alrededor: el subte se encuentra lleno de gente, que seguramente también se dirigía a su trabajo. Miro el reloj, que marca las 8 menos 10. Me bajo en la estación siguiente. Salgo del subte, y camino tres cuadras hasta llegar al edificio donde trabajo. Mi jefe me ordena una serie de cosas que hacer durante el día; hago la gran mayoría; almuerzo algo de comida (algo...ya que solo tenemos 30 minutos para almorzar, y entre la cola de gente que hay para comprarte algo en algún barcito y comerlo...bueno, digamos que el tiempo pasa volando); continuo trabajando; el reloj marca las 6 en punto, pero prefiero continuar con el laburo; el reloj marca las 7, y decido finalmente irme. Mientras camino por las calles de la ciudad, sólo veo avisos que me dicen que comprar, que hacer, a donde ir, que pensar y quien ser; “todo esto...(las noticias, el diario, los avisos)... me está taladrando la cabeza; no aguanto más”, pensé...Y así decidí realizar un viaje, a un lugar lejos de todo eso, lejos de esa gran ciudad.
Me dirigí con gran rapidez hacia el subte, y al llegar a mi casa busqué, pensé a donde ir, hasta que el nombre vino a mi cabeza. Agarré un bolso, y puse en él ropa y demás objetos. Estaba decidida a emprender ese viaje. Tomé un colectivo y baje unas cuadras antes de la estación de tren; al llegar allí, compré un boleto y me senté a esperar que el tren viniera. No recuerdo mucho ese viaje en tren ya que dormí la mayoría del trayecto, pero recuerdo que al despertar mi mente comenzaba a despejarse. Bajé del tren; no había avisos, ningún tipo de publicidad. Llegué caminando a la casa donde me iba a hospedar; era muy sencilla, y eso me gustaba mucho. Los personas eran muy amables, y me mostraron el cuarto donde dormiría. Dejé mis cosas, y me largué a explorar el paisaje, ese sin fin de escenografía que me presentaba ese lugar en sus calles, sus museos, sus cafés, en todo.
En esa caminata comencé a pensar: ¿Por qué será que todos seguimos un modelo determinado en la sociedad? ¿Será por miedo a ser excluido por ésta? ¿Será por miedo a ser diferente? La mayoría de la gente jamás tomará el riesgo de cambiar por miedo; miedo al que dirán (en esta sociedad tiene más importancia el qué pensarán de uno, de qué pienso yo). Y así, sus vidas desaparecen frente a sus ojos. La gran mayoría prefiere lo “normal”, pero, ¿qué es normal? ¿Normal es lo que la mayoría hace? ¿Es seguir un modelo específico dentro de la sociedad? No porque la mayoría lo haga, lo considero normal; el resto tiende a pensar que esto es así. La sociedad tiende a encerrarse, y ver la salida fácil según su conveniencia. Gran parte de nuestro tiempo estamos pendientes de cosas sin importancia, en lo material. ¿Acaso nos hemos olvidado de pensar, de razonar? ¿Nos habremos olvidado de...vivir? El gran monstruo los apaga, los consume más rápido que el fuego mismo; los oprime en un estado de consumo.
Razoné en todo aquello que había pensado mientras cenaba un guiso con Alejandra y Carlos, los dueños de casa. Al llegar a la cama, estaba agotada, pero decidí seguir despierta un rato más. Con el pasar de los minutos, llegué a la conclusión de que no me iba a pasar eso que había planteado antes que ocurre con la sociedad actual. Si bien estuve sometida a ella durante largo tiempo, y también a ese mecanismo que la sostiene, ese “gran monstruo”, conmigo no iban a poder. Esa noche decidí cambiar. Esa noche me propuse otra mirada, otro punto de vista.
Y con el tiempo logré hacerlo. Ese “gran monstruo” no pudo conmigo (o eso creo). Contador: 6905690...a 1.
Un tiempo después volví. Volví a ese lugar que tanto había odiado, pero tenía que hacerlo. Me subí al tren, y miré por la ventana. El paisaje era el mismo de siempre, aunque tenía algunas modificaciones por el paso del tiempo (corto, pero tiempo al fin). El recorrido definitivamente ya no era el mismo.
Un año más tarde, rearmé mi vida y decidí volver. Ahora la vida me estaba dando una segunda oportunidad de recorrer ese camino y yo la agradecí silenciosamente.
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